Mitos y verdades del TDAH

Hay muchos mitos sobre el TDAH, la gente opina sin saber, y todos “saben” cómo cambiar el comportamiento descontrolado del niño.

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Generalmente la familia, amigos y profesores tienden a culpar consciente o inconscientemente a los padres. Esto es una defensa natural ante una situación difícil del niño. Lo lógico es buscar la respuesta en un problema de los padres o de la familia.

¿Qué es el TDAH?

El TDAH o Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad, es una enfermedad del sistema nervioso, que se origina en la edad infantil y produce en el niño dificultades para controlar sus impulsos y mantener la atención, con lo que probablemente notaremos en él un exceso de actividad y movimiento.

Entre un 3 y un 10% de los niños en edad escolar lo sufren, aunque no es fácil diagnosticarlo ni se conoce su causa.

El diagnóstico de este trastorno puede realizarse a partir de los seis años, pues es necesario que el niño haya dejado de ser un bebé y que sus síntomas estén presentes, tanto en casa como en el colegio.

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¿Cuáles son los síntomas del déficit de atención, la hiperactividad y la impulsividad?

Si a tu hijo le cuesta mantener la atención en sus tareas, organizar sus actividades o seguir instrucciones, puede que sufra un déficit de atención. Si además tiende a evitar el esfuerzo mental, es descuidado con los hábitos cotidianos y parece distraído cuando le hablas, debes consultarlo.

Si tu hijo interrumpe constantemente a los demás, actúa antes de pensar y es impaciente, quizás su problema es la impulsividad. Los niños impulsivos intentan acabar sus tareas tan rápidamente, que sus errores son abundantes, no saben perder cuando juegan y se muestran malhumorados con frecuencia.

Se sabe igualmente que, al menos un 30% de las personas con TDAH, presentan rigidez y movimientos descoordinados, lo que ocasiona en los niños dificultades para atarse los cordones, una escritura irregular o propensión a tropezar.

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Mitos y realidades del TDAH

El TDAH es una moda y un invento para vender tratamientos farmacológicos. ¡Falso! Aunque fue descrito como entidad por primera vez en 1998 por la American Medical Association, ya han pasado más de cien años desde que Still (1902) describiera a una serie de niños que presentaban un exceso de actividad motora y un escaso control de sus impulsos; y esos niños son los que hoy se conocen con las siglas TDAH.

Es falso que solamente los niños hiperactivos puedan padecer el TDAH, y lo corroboran los casos con predominancia de inatención o las niñas que lo sufren –que habitualmente tienden menos a la impulsividad y la hiperactividad–. La mala educación, la actual forma de vida o los factores ambientales y alimentarios no son tampoco responsables de esta enfermedad, aunque puedan agravarla.

No es verdad que los fármacos psicoestimulantes (bien conocidos por la psiquiatría), sean adictivos o peligrosos para los niños, ni que deban administrarse sólo cuando no exista mejoría con un tratamiento sin medicación. Estos fármacos no sustituyen a las terapias conductuales, escolares y familiares, pero mejoran los resultados de las mismas. Es igualmente erróneo que sean ineficaces con adolescentes o que puedan dejar de tomarse los fines de semana y en vacaciones.

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Los niños con TDAH son menos inteligentes. ¡Error! Los síntomas del TDAH no afectan a su capacidad intelectual, sino a su capacidad ejecutiva, al no poder controlar su impulsividad y mantener la atención, no alcanzan los resultados esperables. Normalmente los familiares consideran que los niños deben asistir a clases diferentes a sus compañeros; sin embargo, con intervenciones de tipo pedagógico suele ser suficiente.

Si el niño no es hiperactivo, no tiene TDAH. ¡Falso! Hoy en día, este trastorno se divide en tres subtipos: hiperactivo-impulsivo (con síntomas tanto de hiperactividad como de impulsividad), inatento (caracterizado por la falta de atención) o combinado (predominan síntomas de hiperactividad, impulsividad e inatención).

Los padres son los responsables de que el niño tenga TDAH. ¡Falso! El TDAH es un trastorno neurobiológico, y aunque ciertas condiciones del entorno puedan agravarlo, no tiene relación alguna con los vínculos afectivos.

Hoy sabemos que la mortalidad de los niños, adolescentes y adultos con TDAH, es aproximadamente el doble que el de la población en general.

Si crees que tu hijo presenta algunos de estos síntomas característico del TDAH, te recomendamos acudir a un especialista.

@Pipochos

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